5/2/10

La Tierra del Diablo: Riosucio

Por: Luis Oswaldo Bernal Correa
Filósofo y Ensayista



Imurrá, como se llamaba la tierra que hoy recibe el nombre de Riosucio en el departamento de Caldas, al occidente de Colombia. Tomaba su nombre de un Cacique de la comunidad indígena de los Pirsa, de la nación Anserma que habitaban la cuenca del mencionado río. Este afluente fue “bautizado” (o españolizado) por Don Juan de Vadillo con el nombre de Riosucio dado “el lodo invernal que entonces arrastraba [el Imurrá]. El nombre se extendió a la región circundante y a la ciudad que más tarde habría de fundarse” (www. riosucio-caldas.gov.co).


No obstante, Imurrá permanece hoy en el espíritu de sus gentes, que bebe de una historia mixta de relaciones interculturales variadas, pues, por un lado, se encuentran las comunidades indígenas dueñas ancestrales del territorio, por otro lado, los españoles (y otros extranjeros) que se expandieron rápidamente con el fin de explotar el territorio minero de la región, y con ellos, como último elemento, los miembros de comunidades negras traídos especialmente para trabajar como esclavos en las minas de oro.


El entrecruzamiento de estos tres ríos culturales genera un crecimiento y una serie de historias particulares que definen en mucho el presente de Riosucio: la lucha por la tierra, por la libertad, la integración racial y las relaciones interculturales dieron como resultado un territorio lleno de riquezas, no sólo materiales y naturales, dada su ubicación geográfica entre cordilleras, sino una riqueza cultural, social, religiosa y genética que habita hoy en cada riosuceño.


Su ubicación como municipio limítrofe con los departamentos de Antioquia y Risaralda resulta estratégica al convertirse en nodo de comercio y fuente de producción agrícola. Sin embargo, su incursión en el comercio nacional fue producida inicialmente por la explotación minera curtiendo cuerpos y almas de los trabajadores de la región. Posteriormente, con la disminución parcial de la minería y la preponderancia de la agricultura de la mano de la expansión colonizadora que el siglo XVIII se dio en el occidente colombiano, vemos configurase a Riosucio como parte del famoso “Eje Cafetero”, en el que la tierra fecunda produjo grandes beneficios para quienes se dedicaron al cultivo del grano de café.

Del mismo modo, diversos cultivos dieron fruto dada la variedad climática de la región, que completaban la sinfonía de la vegetación virgen, de la fauna y de los paisajes que allí se configuraban. Hoy, además de los cultivos, la producción de ganado ocupa parte de la actividad económica de sus gentes.

Como muestras del destino agropecuario de la región, se ha desarrollado el “ecoturismo” y el “agroturismo”, que potencian el acercamiento de personas que no conocen las prácticas cotidianas de los riosuceños en el campo, esto junto con el carnaval de Riosucio culmina la descripción de la riqueza a la blue hacíamos mención.

Pero ¿Qué es el carnaval de Riosucio? Es una fiesta ancestral que emerge del encuentro de las poblaciones de “Quiebralomo” y “La montaña”, que después de disputas territoriales deciden celebrar su unión y dar paso al municipio de Riosucio (fundado el 7 de agosto de 1819). Este Carnaval es muestra de la fusión de las tradiciones españolas, africanas e indígenas que se encontraron en este municipio, y que se expresan en el tesón de sus pobladores, que no sólo son hombre y mujeres que trabajan diariamente en sus diversas labores, sino que se definen así mismo como personas alegres y “echadas pa’lante”. O en palabras de de Carlos Gómez, Coordinador de etnoeducación y cultura del resguardo indígena de Cañamomo y Lomaprieta, perteneciente a Riosucio y a la familia de los Emberá Chamí, “hay en la esfinge del diablo elementos que dan cuenta de eso: unos cachos grandes negros que representan la fortaleza del toro y además representan la fortaleza de la raza negra; los ojos rasgado, como los del jaguar, representan lo indígena; y la raza blanca, lo que tiene que ver con el tridente, que representa a la religión católica y su símbolo de castigo”(www.latinoamerica-online.info.).

Esta última voz nos pone frente a otra realidad que es preciso mencionar: la realidad Indígena. En la actualidad tanto como en el pasado las poblaciones indígenas han sufrido una serie de atropellos y segregaciones que hacen de ellos una voz única e irreducible a la hora de hablar de Riosucio. En este municipio viven varias comunidades del pueblo Embera Chamí que se han ubicado en cuatro resguardos:1) Cañamomo y Loma prieta 2) Escopetera y pirza 3) Nuestra Señora Candelaria de la Montaña y 4) San Lorenzo.

Estas poblaciones se han visto inmersas en disputas por sus tierras que llevan a las Fuerzas Armadas, a las FARC, y a los grupos Paramilitares, así como a nuevos grupos emergentes como las “águilas Negras” a desconocer, y aniquilar consecuentemente a estos pueblos que de diversas maneras han resistido a pesar de las cuotas en vidas que han tenido que poner. Esta situación contrasta con las diversas políticas estatales que se llevan acabo para procurar el respeto por los DD.HH. en el mencionado contexto.

Sin embargo, no es sorprendente que en las tierras más ricas, donde habitan los pueblos más pacíficos se centren las luchas por el poder y el territorio haciendo con el paso de los años que estos pueblos manifiesten su fortaleza y anclen sus raíces más profundamente de lo que se hubiera imaginado. Es así como en la población de Riosucio se evidencia cada vez más en las personas: hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y ancianos, las profundas raíces que los unen a una historia, a una tierra y a un futuro lleno de porvenir.


WEBGRAFIA
http://www.prensarural.org/spip/spip.php?article352 Recuperado el 23 de Febrero de 2008.

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