23/9/10

No más Hambre


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¿QUÉ ES EL HAMBRE?

Para los más afortunados sólo se trata de una sensación en el estómago que indica que ya es hora de comer. Para los menos afortunados que no consumen suficientes alimentos todos los días, el hambre produce debilidad, cansancio, dificultad para concentrarse, incluso enfermedad. No se piensa en otra cosa que en el próximo alimento. Para cientos de millones de personas en todo el mundo, esta sensación dura todo el día, todos los días, salvo que nunca saben si ni cuándo desaparecerá esa sensación. El hambre puede enfermarlos y causarles daños irreparables a la salud. No tienen suficientes alimentos para estar activos y sanos, y no reciben todas las vitaminas y los minerales necesarios para que el organismo funcione bien. Esto es el hambre crónica. Cuando el hambre es extrema y después de pasar días sin suficientes alimentos o sin comer, el cuerpo comienza a alimentarse de lo único que tiene: sí mismo. Descompone su propia grasa y sus tejidos, lo que conduce a la inanición y a la muerte.




La falta de alimentos no es el problema, hoy en día se producen suficientes en el mundo para que todos estuvieran bien alimentados y llevaran una vida sana y productiva. Hay hambre debido a la pobreza; a catástrofes naturales como los terremotos, las inundaciones y la sequía, y a veces se produce allí donde las personas pobres no tienen medios o tienen pocos para reconstruir una vez producido el daño. Hay hambre porque en muchos países las mujeres, aunque se ocupan mucho de la agricultura, no tienen tanto acceso como los hombres a la capacitación, el crédito o las tierras. Existe hambre por los conflictos, que despojan a la gente de la oportunidad de ganarse la vida dignamente y de alimentar a sus familias; porque las personas pobres no tienen acceso a tierras ni una infraestructura agrícola suficiente para producir cultivos viables o criar ganado; carecen de trabajo constante que les permitiera tener acceso de otra manera a los alimentos. Hay hambre porque las personas a veces usan los recursos naturales en forma insostenible, porque no hay suficiente inversión en el sector rural en muchos países para apoyar el desarrollo agrícola, porque las crisis financieras y económicas afectan principalmente a los más pobres al reducir o eliminar las fuentes de ingresos que les permiten subsistir.


La mayoría es población rural de los países en desarrollo ‒de las aldeas de Asia, África, América Latina y el Caribe‒ que vive principalmente de la cría de animales y la agricultura en pequeñas parcelas, con lo que satisface sus necesidades elementales de nutrición. Los que no tienen tierras pueden pasar todavía más hambre: viudas, huérfanos, ancianos, jornaleros, refugiados. Estas personas pobres del medio rural no reciben ingresos constantes y no pueden complementar su nutrición comprando alimentos. Muchas veces se van a las ciudades a buscar trabajo, que puede ser escaso y estar mal pagado. Pocos ingresos significan pocos medios para comprar alimentos en los mercados locales. Muchas veces las que más sufren son las mujeres, que están subnutridas durante los embarazos y pueden tener niños subnutridos. Cuando catástrofes como las inundaciones, los terremotos y la sequía se abaten sobre los países vulnerables, las personas pobres tienen que abandonar sus hogares y sus medios de subsistencia, y así se crean más víctimas del hambre.


El primer paso es tener una perspectiva común de un mundo sin hambre. Otro es poner fin a la desigualdad de género y habilitar a las mujeres para que participen más en el desarrollo agrícola. El problema del hambre debería ser una de las máximas prioridades en los países empobrecidos. Los pequeños agricultores deberían recibir las oportunidades y la instrucción necesaria para producir suficientes alimentos e ingresos para alimentar a sus familias. Las economías rurales necesitan crecer para multiplicar las oportunidades de trabajo para los que las necesitan, y reducir la emigración hacia las ciudades. Es necesario hacer más énfasis en mejorar el acceso de los pequeños agricultores a los mercados internos e internacionales. Los recursos naturales requieren una gestión mejor para asegurar que no se sobreexploten las tierras. Los sectores público y privado tienen que colaborar unidos para poner fin a la pobreza y la desigualdad, y para mejorar el acceso para todos a alimentos sanos.