2/5/20

El pelito Sanador y la educación en Colombia





“Es fácil encontrar relatos falsos que hacen caer al crédulo en la trampa. Mucho más difícil es encontrar tratamientos escépticos. El escepticismo no vende.Es cien, mil veces más probable que una persona brillante y curiosa confíe enteramente en la cultura popular para informarse [que en la ciencia]” Carl Sagan (1995, p.22) [i].
¡No me vaya a decir que no se ha enterado del poder curativo del “pelito sanador” [ii]! o que no sabe que el coronavirus se elimina “con aguapanela caliente, bicarbonato y limón”, como afirma Don Moisés, un paciente ibaguereño que se curó de COVID-19 [iii], y mucho menos, que desconoce la “gran conspiración” de Elon Musk y Bill Gates para controlarnos mediante una vacuna nanotecnológica que junto con la instalación de la red 5G afecta la salud del mundo debilitando el sistema inmune, mientras nos venden la idea en los medios de comunicación de que es algo llamado “COVID-19”, tal como afirma David Icke [iv].
Si usted hasta ahora se entera de estas cosas, o las descarta con facilidad por considerarlas poco fiables, lo felicito. De algún modo, usted ha logrado desarrollar un sentido escéptico y crítico frente a la información que llega a sus manos, y de seguro no caerá en la tentación de reenviar cuanto mensaje llegue a su móvil, o creer cuantas cosas pasen por su televisor o le cuente algún conocido. Usted hace parte del selecto grupo de ciudadanos educados que cuentan por lo menos con criterios científicos,  tecnológicos y éticos que le permiten navegar con “seguridad” en el mar de des- información que a otros ahoga a cada instante.
Con lamentable sorpresa descubrimos que son miles los que caen y difunden noticias falsas permanentemente entre teorías conspirativas, pseudociencia, profecías, magia o fenómenos “milagrosos” que prometen ser cura del COVID-19, o que no hay tal cosa como el virus y lo que esto demuestra es que está en jaque nuestra educación.
Nunca antes fue tan evidente la credulidad, la ingenuidad y la falta de criterios de la población en general como ahora, tal como lo afirma Habermas: “Nunca habíamos sabido tanto de nuestra ignorancia” [v]. Pero hemos de dejar claro que esto va más allá de no saber qué es un virus, o de no comprender que lograr una vacuna demora meses, sino que cuando la ignorancia se junta con el poder la vida de las personas de países enteros está en juego.
Por eso mientras médicos y científicos combaten una guerra contra este virus que cobra las vidas de las personas más vulnerables y de los países menos preparados, asistimos con sorpresa a hechos lamentables y contradictorios, como que países como EE. UU., Inglaterra, Italia o España con un aparente “alto nivel de desarrollo” estén aportando algunas de las mayores cifras en víctimas por COVID-19.
Aunque esta contradicción se resuelve cuando entendemos que el problema no está en la capacidad económica o médica para hacer frente a la crisis sino en la ineptitud de muchos gobernantes y “expertos de bolsillo” que minimizaron los riesgos, hicieron prevalecer ideas de conspiración o cálculos políticos,  electorales y utilitaristas por encima de las consideraciones científicas y éticas que debieron priorizarse para salvar las miles de vidas que ya se han perdido. Si bien es cierto que nadie estaba preparado para una pandemia, también lo es que la ciencia ya había establecido parámetros ante situaciones como esta. ¿Acaso la demora fue entender la ciencia que nunca habían entendido o dudar de todo sin fundamento, como muchos acostumbran?
En Colombia la situación no es más alentadora dado que se evidencian cálculos similares traducidos en los tardíos cierres de fronteras y de aeropuertos, o la evidente descoordinación entre el mandatario nacional y los mandatarios locales cada cual atendiendo a sus “expertos”, lo que duró hasta que la pandemia nos llegó en serio con cifras crecientes y todos por “arte de magia” se dieron cuenta que ya iban tarde para lo que se debía hacer.
Así mismo vamos con las ayudas humanitarias dadas por el gobierno, las que se anuncian populistamente por televisión pero cuando la gente sale a la calle no son reales aun; y ni hablar del monto de las mismas que no alcanza a dar la talla de la avaricia de muchos comerciantes que encarecen precios ante la pandemia o de gobernantes que hacen contratos evidentemente corruptos favoreciendo sobrecostos en mercados para los más vulnerables.
Y ni qué decir de los supuestos “fallos” de la página web, según el gobierno, donde se debe verificar si usted es beneficiario al Ingreso Solidario, que tiene más de 20.000 cédulas inválidas [vi] a las que se les asignó una ayuda económica. ¿O es corrupción o es una negligencia inaceptable?
Así mismo, hace apenas unos días Colombia solo tenía una única máquina para para acelerar las pruebas del COVID-19 [vii], pero ante el ofrecimiento de 2 máquinas por parte del gobierno de Venezuela [viii] convenientemente el gobierno  guardó silencio y luego afirmó que no eran compatibles con las pruebas que se hacían en Colombia [ix].
Así que, ante la precaria dotación médica y tecnológica con la que cuenta el país y la incapacidad de varios encargados de escribir legiblemente la rotulación [x] de las muestras de posibles contagiados de COVID-19 para poder ser analizadas, es claro que la discriminación a la que se han visto expuestos los trabajadores de la salud no solo evidencia nuestra ignorancia sino un sentido de lo humano y la solidaridad que debe ser cuestionado, así como debemos preguntarnos por la salud mental de muchos que mediante redes sociales expresan su crisis al vivir un encierro con quienes hasta hace poco eran su familia y la violencia intrafamiliar que en muchos hogares estalla.
Es más que evidente que nuestra educación está en crisis, y no lo digo por la falta de recursos, equipamiento y formación que parece ser una constante inaceptable en el país, sino por el currículo que ha sido quebrado por la realidad de esta cuarentena. No podemos seguir enseñando lo mismo, ni de la misma manera.
El enfoque que debemos implementar es “educar para la vida”, lo que significa inicialmente formar en valores y habilidades sociales básicas como saludar y poder iniciar una conversación con quienes compartimos un techo, desarrollar empatía y tolerancia para poder respetar la diferencia y desplegar la solidaridad en la sociedad. Con ello podremos eliminar la discriminación que se esconde tras el miedo y la ignorancia, por lo que debemos aprender de ciencia, una real y aterrizada, una significativa que establezca un espíritu escéptico en las nuevas generaciones y evitemos que en tiempos de crisis compartamos errores o falsedades por redes sociales sin filtro alguno.
Un adecuado espíritu científico y crítico permitirá a su vez a las personas forjar la habilidad de tomar decisiones y resolver problemas sociales y personales donde la tecnología se ha de poner en juego todo su potencial para algo más que hacer memes. Pero en el mismo sentido, no se puede seguir desarrollando la innovación o la ciencia sin el debido cuestionamiento de la filosofía y/o de la historia, ya que no puede seguir siendo posible que desconozcamos antecedentes de esta pandemia como la “peste negra”, y que actuemos como siervos medievales que buscan culpables antes que comprender lo que pasa y sus causas. Debemos salir del rebaño.
La ignorancia no puede naturalizarse, como tampoco puede naturalizarse enseñar cosas inútiles y sin significatividad escudados en la promesa de un futuro en el que “tal vez” llegue a ser útil. Basta de futuros inexistentes que justifican currículos, clases y docentes anquilosados en perversas prácticas pedagógicas. Si no podemos mostrar en el valor hoy de lo que aprendemos y enseñamos, quizás estamos a destiempo o no tiene valor hoy. No obstante, debemos seguir aprendiendo a escribir y escribir bien (y no solo mediante un teclado) para evitar que procesos importantes se vean afectados por mala caligrafía o pésima ortografía como ya vimos con las pruebas de COVID, ya que es básico poder comunicarnos bien, así como lo es leer crítica y competentemente textos y contextos, libros y el mundo porque no hay nada obvio en el mundo.
Debemos fortalecer la autonomía así como la ética y evitar la necesidad de militarizar las ciudades para que las personas no salgan en medio de una cuarentena, pero también debemos formarnos para cuestionar que haya gente que deba elegir entre salir a exponerse a un contagio para llevar pan a la mesa y quedarse en casa a morir de hambre o poner un trapo rojo en la ventana esperando que alguien les brinde algo de comer.
Una vez elevemos nuestra educación a un nivel donde las ideas, la ciencia, el arte, la filosofía y la literatura sean adecuadamente valorado, la sociedad estará lista para elegir gobernantes capaces y aptos, y dejaremos de lado la falsa idea de que la política se hizo para robar o que la corrupción es propia del ser humano, dejaremos el “hambre de robar” lo público y nos dará vergüenza ser parte de quienes acaban con el país con la violencia, la inacción o la corrupción; así mismo tendremos una conciencia ambiental que permita tomar acción en el mundo y no solo lamentarnos por las especies extintas, y comprenderemos que aunque nos gustaría encontrar la cura para el COVID-19, no la encontraremos en un “pelito sanador en medio de una biblia” y sí, tal vez, en el desarrollo de nuestra educación y nuestro sentido crítico y científico.
Referencias
[i] Sagan, Carl. (1995), El mundo y sus demonios, Barcelona, España. Editorial Planeta.

7/4/20

RETO 4 DE LA PANDEMIA: TRES (3) PREGUNTAS PARA CAMBIAR NUESTRA VIDA





Por: Luis Oswaldo Bernal Correa

Si logramos cambiar nuestra vida, podremos cambiar nuestra comunidad, quizás a la sociedad y tal vez a la humanidad. Por eso te presento 3 preguntas sobre la vida, tu vida:

Pregunta 1: ¿En serio te importa tu vida?

Asumamos este ejercicio de manera personal porque cuando nos hacemos preguntas directas y personales, tendemos a intentar dar una respuesta. La pregunta es si te importa tu vida, si la respuesta es NO. Entonces, gracias por llegar hasta aquí, pero si te importa en buen grado, entonces es hora de reconocer que no podemos continuar con un estilo de vida “esquizofrénico bipolar”.

No podemos seguir apoyando el cuidado del planeta mediante “likes” en redes sociales y seguir sin hacer nada. No podemos seguir intentando criticar al mundo en nuestras conversaciones y comprando artículos de un único uso elaborados de materiales contaminantes; no podemos un día decir “pero es solo por hoy” y al otro día juzgar al vecino porque “no recicla”. No es posible seguir con la mente dividida y variable como el clima, al igual que no podemos actuar erráticamente haciendo lo mismo que criticamos. 

Si te importa tu vida, entonces hemos de tomarnos en serio el “respiro” que el planeta tierra está dándose al no tener a tantos humanos contaminándolo.

Imagen 1. Animales transitan y vuelven a lugares gracias a la ausencia de humanos.

Lo queramos o no reconocer, nuestro impacto sobre el planeta es altamente dañino. Y aparece un dilema con esto: ¿Qué hacemos entonces, nos quedamos en cuarentena permanente? La respuesta obvia parece ser NO, pero lo interesante es que podemos encontrar alternativas para minimizar nuestra fatal presencia.

Podemos usar menos el automóvil, podemos disminuir nuestra necesidad de salir de casa y ahora podemos tele trabajar, podemos incrementar seriamente la educación virtual, podemos cambiar nuestros hábitos de consumo, podemos reciclar y reutilizar, disminuir nuestro consumo cómodo y exagerado de bienes y servicios (baños largos y consumo innecesario de agua caliente), cambio a energías limpias, consumo de alimentos sanos y orgánicos, entre otras. Aquí dejo uno de los muchos listados extensos que podemos encontrar en la red que nos ayudan con ideas para cuidar el planeta y reducir nuestra nefasta huella. (Ver listado) 

Al final la ecuación es fácil:

Si te importa tú vida, cuidarás en serio la vida del planeta. Dado que somos la especie contaminante por excelencia, debemos dejar de contaminar de inmediato. No somos dueños del planeta, somos una especie más en él. Si no cambiamos nuestro estilo de vida consumista, moriremos como especie.


Pregunta 2: ¿En serio vas a vivir así?


Si respondiste SÍ a la pregunta 1, la pregunta 2 te llevará un paso más allá. Es curioso cómo – por lo menos en Colombia- la precariedad laboral se disfraza de independencia, de innovación y de emprendimiento arrojando a las personas a condiciones laborales “flexiblemente-inhumanas”.

Por ejemplo, trabajarás mediante un contrato civil de trabajo llamado Orden de Prestación de Servicios, es decir, te contratarán como un trabajador independiente al cual se le asigna una actividad, producto o trabajo que desarrollará con todos los talentos disponibles sin establecer ninguna relación laboral.

Pero ¡Sorpresa! – te dirá el jefe- “En la empresa entramos a las 7 am; le vamos a asignar un puesto de trabajo, su jefe será “X persona” y le reportará a él únicamente y su jornada laboral termina a las 5 pm, aunque si quiere se puede quedar más tiempo; eso sí, debe llegar siempre a las 7 o sino le descontamos al final de su pago”.

Ya sé que es demasiado específico el ejemplo, y que suena como si me hubiera pasado (¡Sorpresa! Es mi caso y el de miles de colombianos) Basta de decirnos mentiras, la situación laboral es un asco, y los independientes tenemos dos opciones o trabajamos así, o no trabajamos. O tenemos algo de dinero al final del mes después de jornadas y condiciones muchas veces nefastas de trabajo, o nos quejamos de no tener trabajo.

Al final la precarización es tan alta que no elegimos ser “independientes”, nos tocó ser “independientes” con horarios sin fin, con fines de semana inexistentes o con jefes omnipresentes que te amenazan o premian de una u otra forma para seguir trabajando de esta forma, solo para ahorrarse lo que implica una relación laboral estable y digna.

En este punto, la pregunta no es por qué nos vemos obligados a trabajar así; pues en eso consiste la precariedad (que incluso muchos alaban con ideas de auto-superación, falso emprendimiento y pseudo-innovación que los convierten en un esclavo que lame sus cadenas); sino qué estamos haciendo para cambiar y/o mejorar estas condiciones laborales al nivel que importa, es decir, a nivel de sociedad en general.

¿Estamos haciendo algo para mejorar las condiciones de vida hacia unas más dignas, o preferimos autosatisfacernos en nuestro propio ego diciendo “el que no trabaja es porque no quiere”, interiorizando la precariedad nacional en la identidad personal?

En síntesis: ¿De qué nos sirve amar al planeta y nuestra vida (pregunta 1), si eliges NO cambiar las condiciones que hacen más pobres tus días?

Al final la conexión que debemos establecer parece no ser tan obvia, pero en tiempos de crisis y coronavirus, las voces se han hecho escuchar y presento 2 ejemplos que conozco bien:

Independientes: Las personas más pobres, los verdaderos independientes – que dependen de sí mismos y su salud para sobrevivir día tras día, como el vendedor ambulante – piden a gritos ayuda del Estado porque la cuarentena y el virus los deja en la encrucijada de morir por hambre  o por contagio.


   Independientes con discurso: Los pobres que se creen no tan pobres. Estos son “independientes con discurso”, son los que salen con trajes, zapatos y un “outfit” para adecuarse al estrato social donde está la oficina o el cargo en el que está, y que compran un chicle en la “chaza o puesto” de la esquina donde una señora entrada en años se la venderá y le dirá “quiere algo más doctor”, e iluso, él responderá “así está bien, gracias”.

Estos dos casos, penden de un hilo hoy en día. Tras apenas unos días de ver las protestas de los más necesitados, empezaron a aparecer otras protestas virtuales y otros casos especiales (Lea aquí), de personas que viven en estratos 3 y 4, que solicitan ayuda del Estado para afrontar la crisis, ya que han perdido sus contratos de independientes, y entraron en crisis pues las deudas los están asfixiando.

En últimas, estas voces son 2 en medio de muchas, y el tema es el mismo, hoy el Estado es quien provee, poco o mucho, y la inestabilidad laboral con la que muchos se habían conformado ha dejado a muchísimos sin con qué comer.

¿Seguiremos aplaudiendo una pobreza disfrazada? ¿Seguiremos eligiendo un Estado inepto y clasista que perpetúa la pobreza como el telón de fondo de un país?

¿Nos seguiremos conformando con que la educación pública sea la “mala” y la “privada” buena – como un mantra que se repite, aunque no sea cierto-? ¿Seguiremos quejándonos de llegar tarde al trabajo porque algún gremio social (campesinos, víctimas de la violencia, transportadores, educadores, etc.) está atravesado en la avenida y no deja pasar el bus en el que voy? ¿Seguiremos admirándonos lo “hermoso” de nuestro ombligo sin pensar en los demás?


Entonces, la pregunta es ¿En serio vas a vivir así?  Porque si tu respuesta es NO, entonces, debemos cambiar la manera de elegir a nuestros gobernantes, debemos ser más críticos y comprometidos no solo con nuestra situación sino con la de los demás. Esta pandemia nos ha mostrado las múltiples relaciones de interdependencia que hay entre los campesinos y los habitantes de muchas casas lujosas en las ciudades, los unos siembran y proveen, lo que otros compran y consumen, por lo que debería garantizarse al campesinado óptimas condiciones de vida y protección para que ejerzan su labor que además de ser necesaria es una de las más dignas de la humanidad.

Esta pandemia nos ha mostrado 2 cosas sobre el Estado: 1) que necesitamos un estado fuerte, estable y organizado; 2) Necesitamos representantes y gobernantes éticos, trasparentes, hábiles, eficaces y que velen por la sociedad sin preferencias de clase, sino desde una comprensión humana integral. Es hora de hacer que el modelo económico, social y político de nuestra realidad cambie para tener una mejor sociedad y que nadie muera en una sala de espera de urgencias o fuera de un hospital, y a su vez para que no nos acostumbremos  a las inequidades.

Pregunta 3: ¿En serio te importa eso?



Ya te diste cuenta que la pandemia pone todo en perspectiva y que lo que parecía importante ya no lo es. Ya no es importante llegar antes a la oficina para adelantar trabajo o sacrificar fines de semana con tu familia por un informe, hoy lo importante es saber convivir con aquellos a quienes llamas familia.

Hoy no es importante el carro lujoso que estás pagando y que sigue parqueado en el estacionamiento, quizás es más importante convertir esas cuotas en dinero ahorrado para una necesidad como alimentarse, quizás no sea tan importante mostrarles a todos tus seguidores en Instagram una foto de tu plato de comida en un restaurante, tal vez sea más importante saber cocinar y disfrutar de aquello que estas comiendo sin necesidad de parar para la fotografía, ya que en estos tiempos los “likes” no llenan tu estómago.

-La pregunta es sencilla: ¿En serio te importa eso?
-Pero ¿Qué es eso?

-“Eso” es todo aquello que has puesto como el norte de tu vida, que ni siquiera te has preguntado si lo quieres, lo necesitas o si tan solo vale la pena.
Parece mentira que pasamos la vida en modo automático sin percibir la existencia, solo estamos alcanzando objetivos, planes, proyectos etc., que al final, no te permiten construir una vida significativa.

Ejemplo: “Deseo tener el último celular que salió a la venta”. Esta novedad durará a lo sumo 3 meses, ya que la obsolescencia programada te pondrá otra vez en la rueda del hámster a producir a toda costa (seguro como independiente) para conseguir el siguiente nuevo modelo que saldrá apenas en unos días. Y quizás incluso cambies tu teléfono aun en plenas funciones y sin ningún daño. 

Pero habrás trabajado para tener un celular que al final del día te cansarás de mirar buscando entretenimiento (lo cual es plenamente válido) o quejándote de lo injusto del mundo, sin embargo, como decía al inicio el mundo no cambia con “likes” ¿Qué tal si dejas tu celular no tan nuevo y ahorras dinero para una acción real que cambie el mundo?

Ejemplo: “Tienes 40 años y no tienes automóvil”. Y la presión social sí que es difícil de lidiar, porque no solo alguien te propone un objetivo que a fuerza de repetición terminas aceptando en muchos casos, sino que te especifican lo que debes tener, marca, modelo, año, etc.

Lo mismo aplica para tu estilo de vida, con quien estas o no, cuando tendrás hijos o no, cuando comprarás mascotas, cuando viajarás y adonde… y siendo crítico, este post cabría dentro de las voces que te “dicen cosas”, con la diferencia que aquí solo formulo 3 preguntas.

En serio vamos a seguir un estilo de vida apresurado, estresado, “orientado al logro” (como mucho te venden la idea de trabajar sin descanso), en ciudades caóticas, respirando contaminación todo el día, mal alimentándonos con comida chatarra que además es costosa, un estilo de vida que estimula tus músculos (porque verte como te dicen es "cool"), menos el cerebro que necesitas para pensar si lo que haces va en la ruta de lo que quieres como vida.



Ya te preguntaste el precio en vidas de lo que consumes, -ya no si lo necesitas-, sino si estás dispuesto conscientemente a vivir con ello. Por ejemplo la minería en Colombia, puede ser legal o no, y en cualquier caso sus minerales siempre encuentran comprador y eso hace que se mantengan las condiciones de vida duras y empobrecedoras de los mineros ilegales y/o artesanales (ver nota), reproduciendo la pobreza generación tras generación en zonas como en Antioquia y en chocó.

“En Antioquia la mayoría de zonas mineras presentan un alto índice de necesidades básicas insatisfechas, graves problemas ambientales y poblaciones desestructuradas que han padecido violencia endémica”. (01 de agosto de 2011 — Agencia de Noticias UN).

Lo propio ocurre en la explotación del coltan, la cual está señalada de explotación infantil, tal como afirma una investigación del diario El Mundo: “Muchas de las baterías de nuestros móviles y tabletas nacen de las minas del Congo, del abuso laboral y de la explotación de cada vez más menores en esa zona” (Ver nota completa).

Los casos son permanentes, maquilas, explotación femenina, explotación infantil, jornadas de trabajo y condiciones inhumanas son los motores de muchas de las cosas que consumimos y que confortablemente ignoramos.

Al final, la pregunta busca que indagues por lo que seguramente ya vas encontrando en medio de la pandemia, y es saber lo que realmente importa.

Esta es pues una invitación a cuestionarnos profundamente sobre estos y otros aspectos que seguramente ya irás descubriendo. Si cambias tú, cambia el mundo. Cambiemos.



(Nota: Este reto tiene sentido si has considerado los anteriores retos, si no lo has hecho te invito a leerlos: son cortos y espero estimulantes: reto 1, reto 2, reto 3)

Referencia





5/4/20

RETO 3 DE LA PANDEMIA: DOMINAR TUS MIEDOS (LOS DEMÁS)



Por:  Luis Oswaldo Bernal Correa

Las calles están vacías, pero solo si miramos a ciertas horas y en ciertas calles. Otras están llenas, todos los días y a todas horas. Porque la cuarentena es relativa, así como lo es la gravedad del virus.

Para algunos el COVID es lo más grande y peligroso que les ha pasado y les pasará en sus existencias, para otros, es el menor de los males - y si llega, bienvenido- porque aunque hoy “parece” que no hay temor más grande y generalizado que estar contagiado de COVID 19, lo cierto es que en Colombia convivimos con otros miedos más peligrosos y mortales.

Sin embargo, el COVID es real y mortal. Esto exacerba los miedos y los temores, los primeros (miedos) focalizados y reales y los segundos (temores) imaginarios, pero no por ello menos reales.

-¿Cuál es el problema con esto?

Pues que la gente actúa movida por sus temores. En las redes sociales cuando se reportan nuevos casos de contagio, piden que les digan dónde están los contagiados.



-¿Para qué?

Pues no es para ir a ayudarlos o rezar en la puerta de su casa. El temor es claro, la segregación, la discriminación y la violencia están al alcance de todos. Está latente la alternativa violenta en quienes ya son violentos, y encuentran en esto un motivo, máxime si sienten que su vida está en riesgo. Y es una nueva excusa para quienes no han desarrollado esa lamentable faceta humana, tan reprobable en tiempos de crisis.

Ahora la vida de todos va a cambiar, no volveremos a estar juntos como antes, no habrán más discotecas, ni más conciertos, y diremos adiós a los eventos masivos… y los que haya, serán radicalmente diferentes, so pena de infectarse del COVID o de cualquier otro padecimiento distinto, que en este contexto también empiezan a ser mortales por el estado crítico del sistema de salud.

Este cambio nos lleva a mirar y saludar desde lejos, no habrá más abrazos con extraños, ni saludos de besos en la mejilla (doble si eres de algunos países), no habrá más apretones de manos, ni baños turcos o saunas compartidos… Nos distanciaremos.

Hoy tenemos el reto de dominar nuestros miedos, para que no hagamos estupideces en momentos en los que la vida es frágil, lo queramos o no reconocer.

Ya las relaciones sexuales estarán atravesadas por un factor tan extraño que solo puedo imaginar la escena de la película “El demoledor” (1993), donde una pareja de policías, uno congelado y traído desde el pasado (Sylvester Stallone) y otra policía del año 2032 (Sandra Bullock), habitante de la ciudad de “San Ángeles” intentan tener sexo sin ningún contacto físico, para lo cual utilizan un casco que trasmite las sensaciones sin ningún contacto.


Es una película para ver en cuarentena.

¿Cómo serán las relaciones ahora? ¿Tendremos tele-traiciones? ¿La infidelidad será por webcam? ¿El contacto directo llegará a ser tan extraño, como lo es para nosotros que haya personas que no se bañen las manos?

En cualquier caso, el 3er reto que nos propone la pandemia es aprender a convivir con los externos, con los demás que sin duda necesitamos y a quienes veremos y saludaremos de nuevas formas, pero sin caer en el pánico y el miedo, sin llegar a la violencia (tan a la mano), sin llegar a la indiferencia, sin dejar de ser la mejor versión de nosotros mismos.

Lee el RETO 2 DE LA PANDEMIA: CONVIVIR O SOBREVIVIR (LA FAMILIA)

Lee el RETO 1 DE LA PANDEMIA: VIVIR CON EL MÁS INSOPORTABLE (NOSOTROS)


REFERENCIA


4/4/20

RETO 2 DE LA PANDEMIA: CONVIVIR O SOBREVIVIR (LA FAMILIA)




Por: Luis Oswaldo Bernal Correa

De un momento a otro nos vimos obligados a vivir una cuarentena de la que solo sabemos que se podrá extender, por más que algunos optimistas piensen que al finalizar el mes de abril saldrán a llevar la vida tal cual la tenían, las cifras y los tiempos nos indican que varios meses pasarán antes de culminar con la primera gran fase de expansión del virus que culminará con la creación de una vacuna efectiva al alcance de todos (o eso esperamos).

Cuarentena: Def. Humanos obligados a estar encerrados para no morir.

Esa es la definición de cuarentena hoy en día. Una palabra que encierra más que a personas, también nos lleva a preguntarnos ¿Con quién estamos ahora pasando la cuarentena? ¿Con quién estamos encerrados? Algunos afortunados han encontrado en este escenario a su familia hermosa y renovada, que en tiempos de crisis consolida los lazos de amor, confianza y comprensión. 

Para ellos este tiempo será exigente en términos de convivencia, de escuchar a los demás, será exigente porque sin duda la individualidad también necesita privacidad para no perder lo que nos hace ser nosotros mismos. Pero cuando las relaciones son sanas, dialogadas y comprensivas podemos tener malos momentos pero no vamos a morir a manos de nuestra familia.

La convivencia exige de nosotros un grado elevado de compromiso y comprensión con los seres con quienes vivimos, elegir las vías del diálogo antes que las agresiones, colaborar para que las cargas sean distribuidas entre todos, procurar el entretenimiento grupal e individual, buscar ocupaciones creativas y disfrutar del ocio. Así como asumir las responsabilidades en el cuidado de todos, tales como ir a mercar o lavarnos las manos, usar tapabocas o no exponerse innecesariamente al contagio.

No obstante, no todos están en familia y no todas las familias saben o pueden convivir. Hablar de “familia” no es hablar de lo mismo. Las familias son las organizaciones sociales más diversas y complejas, y en muchos casos son el origen de muchos problemas personales y grupales que tiene hoy nuestra sociedad.

Piensen por un momento de dónde nacen los abusadores de distinto tipo en Colombia. Las noticias son escabrosas, veamos el titular de hoy mismo:

Colombia.- La Iglesia de Colombia suspende a 19 sacerdotes por presuntos abusos sexuales. Lea la noticia aquí

Si bien aclaran lo de “presuntos” es bien sabido que una institución como la Iglesia católica entre otras, protegen a sus clérigos a pesar de ser abusadores sexuales. Y lo que viene al caso, es que muchos son hijos de familias tradicionales, de las denominadas “buenas familias”, incluso de familias “humildes” (pobres en verdad). ¿Tiene la familia cuota de responsabilidad?

Ya bien documentado está en los últimos tiempos, gracias a trabajos como los del periodista Juan Pablo Barrientos en su libro “Dejad que los niños vengan a mí” (Lea la reseña aquí) la existencia de casos antiguos donde “venerables” ancianos abusadores se creían con la potestad de hacer lo que quisieran con los pobres, con los niños y con todos los que estuvieran a su mando, y hasta en público golpeaban y regañaba, y resultaba bien visto por la sociedad que actuaran así. 

Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Qué tipo de relaciones familiares formaron la niñez y la vida de estos abusadores? ¿Qué tipo de familia enferma es la que acepta la violencia y el abuso como normal y deseable por parte de un integrante, ni qué decir de un tercero como un cura?

En este escenario, no podemos ser sesgados pese a las evidencia, también existe redes por fuera de organizaciones eclesiásticas que se dedican a las mismas prácticas abusivas y de depredación, pero sin los rezos y la protección silenciosa de los fieles, por lo que hace poco fueron capturados 20 abusadores (Lea la noticia aquí).

Entonces, estar confinados en familia no necesariamente es bueno, deseable o mejor que morir por COVID 19. Esto es algo que no podemos pasar por alto, ni los abusos que se gestan en las familias, ni la violencia de género que según cifras de la alcaldía de Bogotá van en aumento:

“La Secretaría de Seguridad de Bogotá reveló que desde el pasado 11 de marzo, cuando se anunció la medida de simulacro de aislamiento en Bogotá para detener la propagación del coronavirus y hasta el pasado 30 de marzo, la línea 123 recibió 1.619 llamadas de denuncias de violencia contra la mujer”. (RCN, José David Rodríguez)

Es claro que Colombia es un país con profundas violencias en su interior, y que el confinamiento en cuarentena es un problema de vida o muerte para las mujeres en particular, pero para todos las víctimas de abuso en general, que han de conformarse con que el tiempo pase rápido al igual que los abusos que se perpetúan en el silencio cómplice de la indefensión, de la tradición o de la normalidad a la que nos tiene acostumbrados un país que en general es indolente.

(Denuncias a la Línea 155 en Bogotá o a la línea 123)

Ya existen varias denuncias en distintas partes del mundo de personas que están conviviendo con sus abusadores como es la historia de Kai:

Kai tomó su móvil y escribió un mensaje lentamente: "Mamá quiere que me quede contigo". Apretó enviar. La respuesta llegó rápidamente: "Está bien".

La semana pasada, la adolescente regresó a una casa a la que juró no volver jamás.

"El instante en que entré mi cerebro se apagó", dice suavemente. "Todo se apagó, toda sensación".

Había regresado a vivir con su padre, el hombre que ella sostiene abusó física y sexualmente de ella durante años.

Hace dos semanas, Kai pensó que el coronavirus sería algo pasajero que desaparecería como tantas otras noticias. De pronto, las cosas cambiaron. (La historia completa aquí)

Aún no sabemos los efectos de la cuarentena y el confinamiento de acuerdo a los distintos tipos de abuso que se pueden dar en las familias, aquí solo he mencionado el abuso sexual y el modelo de familia en Colombia, y la creciente de las denuncias de violencia intrafamiliar, especialmente, de violencia contra la mujer. 

Para no ir más lejos, además de los casos expuestos, una médica Italiana fue asesinada por su pareja quien era enfermero y la acusó de contagiarlo de COVID. (Lea la noticia aquí)

Los más afortunados solo tendrán que elevar su capacidad de tolerancia con los demás, tendrán que elevar su espíritu para poder entender y entenderse en medio de todos los que vivimos la cuarentena.  Para los más afortunados, se abren ventanas de posibilidad cargadas de nuevos diálogos, nuevas experiencias con los integrantes de la familia e incluso con la pareja, es sin duda una oportunidad para crecer.

Pero sin duda, la preocupación está dada en aquellos que no podrán convivir, sino sobrevivir a la cuarentena para poder sobrevivir luego a la pandemia. El reto entonces está dado, no como en el RETO 1 DE LA PANDEMIA: VIVIR CON EL MÁS INSOPORTABLE que tenemos que vérnoslas nosotros con nosotros, sino en el RETO DE CONVIVIR con las demás personas, nuestras familias o aquellos con los que compartimos esta cuarentena.

(Nota: Algunos abusadores de la Iglesia se quieren esconder: Lea la historia.)

Referencias: